sábado, 7 de junio de 2008

Adaptaciones en el cine: ¿fidelidad o infidelidad? (-)

El cine no es ajeno a lo que ocurre en las otras artes. Su naturaleza misma le lleva a participar de la fotografía, la literatura o la música. Y sin embargo, el cine tiene sus propias reglas, sus pautas y su lenguaje. Es por ello que es un arte independiente y adulto.

Ya desde sus comienzos, tras aquellos primeros pasos en que el cine era como un ojo que solo documentaba la realidad o se servía de pequeños trucos que lo asemejaban a un espectáculo de magia, el cine intenta construir historias de la manera más sencilla que encuentra: tomando como modelo los grandes clásicos de la literatura. Era un intento de dotar a este arte naciente del prestigio y la calidad reconocidos para la literatura. Sin embargo, estos ensayos lo único que produjeron fue retrasar el desarrollo propio de esta nueva expresión artística y convertirla en un mero "teatro filmado" de creatividad cero. Tengamos en cuenta además que estamos hablando de cine mudo, con lo que aún resultaba más absurdo contemplar a los actores declamando parrafadas frente a la cámara inmóvil.

No fue hasta la llegada de un talento prodigioso (D. W. Griffith) cuando el cine comenzó a tomar conciencia de sus propios medios de expresión y a desarrollarse plenamente. En cuanto el cine adquirió conciencia de sus posibilidades, la creatividad empezó a salir a la superficie. Solamente la llegada del sonoro vino a frenar el desarrollo expresivo del cine al quedar las películas, en esos primeros tiempos del sonido, excesivamente supeditadas a las nuevas posibilidades de la palabra.

Todo esto sirva de presentación para afrontar un tema muy sugestivo: ¿deben ser las adaptaciones cinematográficas lo más fidedignas posible a su modelo?

Mi opinión es que no debe ser así. Un modelo, sea adaptado a otra forma de expresión artística o no, debe ser un punto de referencia del que partir, pero el copiarlo fielmente no produce más que una obra desprovista de valor alguno. ¿Para que volver a pintar "Las Meninas" fielmente si ya tenemos la obra original?, ¿qué especial talento o habilidad se demuestran copiando al pie de la letra una novela o un concierto? En cierta ocasión veía anunciado en el escaparate de una galería de arte que se vendían fieles copias de un conocido cuadro como "auténticas" y numeradas y lo único que se me ocurría era pensar en el fin lucrativo de tamaña iniciativa, alejada sin duda de cualquier otro mérito artístico.

Pues lo mismo creo que se puede aplicar a las adaptaciones cinematográficas de obras de otras artes, como la literatura (o el cómic), que sin duda es la fuente primordial de la que se nutre el cine. Este no solo no debe intentar alcanzar la fidelidad máxima por temas meramente creativos. Un film que copie palabra por palabra o escena por escena su modelo carecería del mínimo valor creativo. Pero es que además, al tener el cine su propio lenguaje y sus reglas únicas para contar una historia, sería totalmente absurdo y contraproducente intentar plasmar una novela sin hacer un ejercicio de adaptación y búsqueda de la mejor manera de expresarse con los medios propios del arte cinematográfico.

Quizá la mejor manera de comprender lo que intento explicar sea viendo algunas películas de dibujos animados que llevan a la pantalla obras del cómic. Estoy pensando, por ejemplo, en alguna adaptación de Lucky Luke o Asterix y Obelix realmente lamentables, sin vida, sin fuerza ni agilidad, y todo por ser meras copias de las viñetas originales sin entender que su traslado al cine necesita de un mínimo de adaptación creativa que recurra al lenguaje cinematográfico.

Servirse de un modelo debe ser el punto de partida solamente. La creatividad, el talento y la comprensión de las posibilidades únicas del cine han de hacer el resto.

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